El Vino Argentino
Argentina es uno de los productores más grandes de vino de Sudamérica con más de 210.000 hectáreas de viñas. Es el quinto productor de uvas en el mundo después de Francia, España e Italia. Las primeras viñas fueron introducidas en Argentina por el Padre Juan Cedrón que las llevó desde Chile hacia Santiago del Estero a mediados del siglo XVI. Más tarde las introdujo en Mendoza conjuntamente con sus fundadores Pedro del Castillo y Juan Jufré. Posteriormente el agrónomo francés Miguel Aime Pouguet introdujo la variedad Malbec que prosperó en Mendoza y en la actualidad es una de las más populares en Argentina. Más tipos de variedades fueron esparcidas con la llegada del ferrocarril en el siglo XIX.
Los productores argentinos siempre pusieron mayor atención a la cantidad más que en la calidad y la gran parte del vino que producían era consumido localmente, por lo que Argentina fue alguna vez el sexto país consumidor de vino en el mundo. Sin embargo, en la década de los ’90, los productores de vino empezaron a poner más atención en la calidad que en la cantidad y comenzaron a exportar, principalmente hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, el consumo local disminuyó lo que alentó a los productores a buscar nuevos mercados.
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El vino argentino más tradicional es (por su coloración) el del tipo llamado vino tinto, de mucho cuerpo y bastante astringente hasta el punto de ser llamado coloquialmente en cuanto sea “común” quebracho por su astringente rusticidad al paladar (en efecto, poseen, como el quebracho, mucho tanino). En la segunda mitad del siglo XX lograron un ligero avance entre los estratos medios los llamados “vinos rosados”, que resultaron ser de un bouquet intermedio entre los intensos y ásperos “vinos tintos” (popularmente llamados: “totíns” o “tintardos“) y los más suaves vinos rojos del tipo “clarete” italiano, o incluso los muy suaves al paladar (aunque en ocasiones de alta graduación alcohólica) vinos blancos, durante la segunda mitad del citado siglo XX los vinos blancos “comunes” se generalizaron en gran parte de la población debido a su mayor aceptación al paladar, pero esta generalización conllevó a una negligencia en su elaboración, negligencia de la cual se libraron los excelentes y originarios vinos torrontés, de color melado, gusto agradable y frutado, excelente aroma y bastante fuerte espíritu en cuanto a graduación alcohólica.
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